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UN AMIGO INVISIBLE LLAMADO » BRISA»

UNA NUEVA MEDICINA EMOCIONAL QUE LLEGA CON EL SONIDO DE LA TIERRA. 

Vivimos inmersos en un entorno cultural que prioriza la razón ante el corazón y este hecho propicia que nuestra escucha se centre en el análisis y en la catalogación de los fenómenos sonoros que se producen a nuestro alrededor, olvidando y dejando atrofiar un sistema de escucha periférico que nos ofrece la capacidad de percibir el mundo resonante que fluye de todas las manifestaciones de vida en la tierra y en el cosmos.

Nuestro oído a pesar de ser un órgano especializado en la escucha y en la identificación sonora solo es capaz de percibir una pequeña fracción de frecuencias que transcurre entre los 20Hz a los 20.000hz., si tenemos en cuenta la inmensidad de vibraciones que produce nuestro cuerpo, nuestra mente, la tierra y el cosmos, esta franja auditiva es pequeñísima, tanto, que tenemos que reconocer que nuestro oído a pesar de ser un órgano especializado en la escucha, su rango de actuación se limita a la identificación y a la localización espacial de nuestro entorno, y que el gran receptor del campo vibratorio en el que estamos inmersos reside en nuestra piel.
La piel y el cerebro están estrechamente relacionados, a tal punto que ambos derivan de la misma capa embrionaria externa, el ectodermo y están gobernados por el córtex cerebral. La epidermis actúa como un preciso «segundo sistema auditivo», y tiene la capacidad de captar frecuencias inaudibles a nuestro oído a través del impacto de las moléculas de aire que viajan en forma de onda.

 

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Nacemos como seres cósmicos, capaces de resentir el mundo que nos rodea más allá de la comprensión de las palabras y de las formas. En nuestras primeras fases de vida somos capaces de percibir el mundo a través de su frecuencia vibratoria y de como resuena en nosotros. Este es el lenguaje de la comunicación con el todo, con la vida y con el cosmos.
Todo lo que creemos sobre nuestro mundo y el lugar que ocupamos dentro de él se deriva de ideas formuladas en el siglo XVII; teorías que nos presentan los elementos del universo como si fueran divisibles, como si estuvieran aislados unos de otros y completamente auto contenidos. Dichas ideas, en esencia, nos han creado una visión del mundo basada en la separación y olvidamos algo tan importante como que:

 “ Estamos interconectados simultáneamente con el todo”.

El cerebro de un recién nacido hasta su primer año de vida emite a una frecuencia vibratoria de 1,01Hz,. Cuando experimentamos amor y compasión por otro ser, nuestro corazón, (y esto es una constante a todos los humanos), tambien emite a una frecuencia de 1.01 Hz. Pero de lo que no nos habíamos dado cuenta haste hace escasamente tres años es que el campo magnético terrestre tambien vibra a una frecuencia de 1.01Hz.
Las mediciones obtenidas de la observación de las variaciones en el campo magnético terrestre desvelan que un sentimiento simultaneo de amor y compasión por parte de miles de personas al unísono incide de forma contundente en el reequilibrio y vitalización del campo magnético terrestre.

El espectro radioeléctrico de la tierra emite un pulso vibratorio que se sitúa aproximadamente en los 7,83Hz, y recibe el nombre de Resonancia Schuman u “ ondas transversal – magnéticas “. Sorprendentemente la tierra vibra a la misma frecuencia de resonancia que el hipotálamo humano y el de todos los mamíferos terrestres y marinos, que tambien vibra a 7,83 Hz.  Mientras el ritmo Alfa ( 9,10,11 Hz) varia de una persona a otra , la frecuencia de 7.8 Hz. es exactamente común a todos los mamíferos, siendo una constante normal biológica, que funciona como un marcapasos para nuestro organismo y sin esa frecuencia, la vida humana no es posible.

Este fenómeno fue observado dramáticamente en los primeros viajes espaciales, cuando los astronautas a su regreso presentaban serios problemas de salud, acompañados de dolor de cabeza, migrañas, desvaríos, y sobre todo los ritmos cardiacos desarticulados. El motivo es que al estar volando fuera de la ionosfera terrestre perdieron el vinculo vibratorio con la pulsación de la frecuencia vital de resonancia de la tierra de 7.8 Hertz. Actualmente este problema es subsanado con generadores de ondas Schumann artificiales.Pero nuestra estrecha y vital relación con nuestro entorno sonoro no termina en los datos facilitados en párrafos anteriores. Todos nosotros como seres resonantes que somos, formamos parte de una gran estructura sonora y vibratoria que enmarca la totalidad de las expresiones de vida. Poseemos una estructura armónica propia, en búsqueda constante de equilibrio y armonia. Nuestros órganos, nuestras células, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos vibran y por tanto suenan y emiten en una frecuencia de onda sonora que conforma nuestra estructura vibrante personal, que a su vez se interconecta y resuena con las miles de estructuras armónicas resonantes que existen a nuestro alrededor comunicando y configurando un estado de conciencia individual y colectivo.

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La naturaleza, vive en estado permanente de resonancia armónica con el universo, con la tierra y con todas las manifestaciones de vida, la nuestra incluida!. Las leyes de la armonia vibratoria tienen un solo objetivo que es el equilibrio y la unidad de conciencia.

Cada valle, cada bosque, cada playa, cada rio… poseen su propia y peculiar estructura sonora y esta posee la capacidad de relacionarse vibratoriamente con nuestro campo armónico produciendo ajustes y reequilibrio solo por el hecho de entrar en contacto con nuestra estructura vibratoria, bien sea a través de nuestra aproximación física o bien a través de una exposición sonora utilizando grabaciones realizadas en lugares limpios y captadas en estado de resonancia y respeto con el entorno.

Un amanecer puede aportarnos vitalidad y transformar nuestros momentos de apatía en optimismo. El canto de un pájaro emitiendo a 8.000Hz puede mejorar nuestra concentración y estimular nuestro aprendizaje.  El sonido residual producido por un oleaje con mar de fondo puede reducir un brote de ira en un plazo de 12 minutos. El suave sonido de las olas entre las rocas puede movilizar emociones bloqueadas en el plexo solar y hacernos sentir el más amoroso de los abrazos en nuestros momentos de soledad y derrota. El canto de un grillo puede desbloquear el miedo y reconducirlo a un estado de confianza con el proceso de la vida haciéndote sentir amor por ti y por el todo.

El amor, la vibración del campo magnético terrestre es la base tonal de nuestro mundo y el estado vibratorio de la naturaleza tiene como objetivo armonizar la vida a un único estado de conciencia: EL AMOR!.

 Quince años de investigación en Bioacústica sobre la incidencia del sonido de la naturaleza en el equilibrio de nuestros estados emocionales dañinos y el incremento de los índices de vitalidad permiten crean el portal http://www.sonidoyvida.com con el objetivo de acercar las frecuencias que produce la naturaleza a nuestra vida y dar a conocer como la tierra y los ecosistemas son nuestros aliados en permanencia.

Eva Julián    
Música, compositora, etnomusicóloga
Realiza trabajos de investigación en bioacústica y en la incidencia del sonido en los seres vivos desde 1985.

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