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MI PRESENTACIÓN

Si prefieres escuchar una versión de este artículo en audio pulsa el siguiente enlace: 
https://www.youtube.com/watch?v=tD5CQVVRyrc

 

Me llamo Eva Julián y se que detrás de tu interés por formarte en Bioacústica aplicada al bienestar también te estás haciendo preguntas sobre mi y una de las primeras preguntas es: ¿Cómo empezaste a hacer esto?, o ¿cómo has aprendido a reconocer que sonidos son adecuados y cómo utilizarlos?…

Pues para poderte responder con sinceridad tendré que hablarte un poco de mi…..

 

Hace unos veinte años tenía una vida muy activa, dirigida una investigación de campo en etnomusicología en las montañas de Andorra, componía música para el teatro Nacional de Andorra y tenía mi propio programa de Televisión llamado “Enora”… y lo que más me gustaba era escuchar durante horas a los ancianos de las montañas, porque aprendía de ellos y me hacían sentir en familia.
Cuando las grandes nevadas aislaban sus casas yo subía a pié para verlos y escuchaba sus relatos junto al fuego, y cuando la nieve retrocedía dando paso a las flores los acompañaba a las praderas donde los caballos y las vacas pastaban.  Tuve la suerte de conocer a personas muy mayores, y también la paciencia de ayudarlos a recordar lo que sus antepasados les habían explicado en sus años de niñez, y así poco a poco, ellos me desvelaron en vida la visión animista de sus antepasados, en la que todo lo que existe tiene alma, un alma propia unida a una gran mente que organiza y cohesiona el mundo en el que vivimos y con el cual podemos interactuar porque somos mucho más que espectadores.

 

 

Pero sucedió que pensando tener mi vida dibujada y un claro futuro por delante empecé a tener una situación de violencia en casa, muy fuerte, y esto me obligó a estar cuatro años viviendo aterrorizada procurando protección para mi bebé y para mi.  Me desgasté muchísimo, hasta que al final el propio fiscal del estado me aconsejo una desaparición, y me dijo: mira, desaparece porque si os hace daño nosotros no podremos hacer nada hasta que esté hecho.

 

Una noche subí al coche con mi hijo de cuatro años y una maleta y empecé un viaje sin destino bajo la fuerte presión del miedo y la pérdida de todo.

 

Durante este viaje a ninguna parte me sentía tan cansada que cada 6 horas necesitaba dormir, y lo hacía en los moteles que encontraba junto a la autopista y así, tras tres días de carretera conseguí atravesar el país y llegar a las costas atlánticas, y allí se acabó el viaje, porque tambien se acabó la carretera.

 

Pasamos una noche en un hotel de Vigo junto al puerto y por la mañana disfrutamos de un tranquilo paseo en el barco de pasaje que atravesaba la ría de Vigo en direccion a Cangas y Moaña, y cuando nos encontramos en medio de la Ría, Gerard, mi hijo, me dijo: “mamá, aquí no nos va a encontrar nunca”.  Y yo sentí que era cierto y nos quedamos allí.

 

Enseguida encontré una casa, que pareciera estarnos esperando porque tras estar cerrada desde hacía años se ponía en alquiler justo con nuestra llegada. Era preciosa, justo delante del mar, de manera que cuando abrías las ventanas parecía que vivías en un barco. Curiosamente, años después  cuando nos fuimos se volvió a cerrar y no se volvió a alquilar.

 

Recuerdo que cuando fuimos a visitar la casa para alquilarla y el señor subió las persianas toda ella se iluminó de los alegres colores de las paredes y las alfombras, y Gerard se sentó en el sofá mirando al propietario con una sonrisa tan grande y luminosa que el propietario se quedó pasmado y cogiendo las llaves me las puso en la mano y me dijo: “mira, yo nunca había visto esto, nunca había visto un niño que hiciera esto, no te voy a preguntar nada”.  Con un cálido gesto me puso las llaves de la casa en la mano, me cerró el puño y dijo: “págame cuando quieras y ven hoy mismo si lo necesitas”. Yo no le expliqué nada y así fue como empezamos de cero, así, así fue como fué.

 

Pero a los pocos días me empezó a doler mucho la espalda, posiblemente de la tensión y el miedo que había soportado durante los últimos cuatro años, y era tan intenso que casi no podía andar. Estuve tres meses prácticamente en cama, solamente me levantaba para llevar a Gerard a la escuela, comprar un poco de comida, hacerla y volver a la cama. Era lo máximo que podía hacer y esto duró tres meses. Pasábamos mucho tiempo en casa y Gerard me pasaba su manita por la espalda y me decía: “duerme mamá, duerme”.  Acudí a médicos y osteópatas y no obtuve mejoría, acudí al psicólogo y tampoco. Nada me funcionaba y yo cada día me sentía más y más débil, el dinero empezó a escasear y yo casi no tenía fuerzas ni para salir de casa.

 

Y un día, que me pareciera estar perdiéndolo todo bajé al mar, había una playa muy cerca de casa, pero tardé más de una hora en llegar porque el dolor era tan intenso que apenas podía andar y cuando llegue me senté en la arena pensando que aquel era el final de mi vida… me sentía el ser más miserable del mundo y temía tanto por el futuro de Gerard.

 

Y allí sentada, no sé qué pasó, pero el sonido del agua –zass, zass- secuestró aquellos terribles pensamientos y me dejó la mente en blanco.  Empecé a escuchar de verdad al Mar, lo escuchaba como si estuviera embriagada, era muy agradable, no había nada más, solo su sonido….. No sé cuanto tiempo paso, pero de golpe llegó una ola que me pareció mucho más intensa que las anteriores “zaasssss” y sentí una profunda voz surgiendo de dentro de mi  y me decía: “¡Deja de preocuparte, deja de estar triste, este puede ser el mejor momento de tu vida!, ahora que lo has perdido todo, ahora te puedes volver a dibujar, dibújate de nuevo, descubre quien eres, descubrete a ti misma”.

 

Y en medio de una inmensa y secreta emoción creí que era la voz del Mar, “ufff”, esto es demasiado inteligente para haber salido de mí en ese momento, yo no soy capaz de pensar algo tan hermoso, no puede ser mío… La verdad es que no sabía qué estaba pasando, pero… volví a casa y le hice caso.

 

Cogí una libreta y empecé a apuntar qué es lo que me gustaría, pero parecía misión imposible, no conseguía imaginarlo, así que empecé por escribir páginas y páginas de lo que ya no quería!.

“Jolín, qué difícil es esto, ¿qué quiero yo para mí?”, me costó mucho, mientras que mi profundo agradecimiento hacia el Mar crecía día a día y cada mañana salía a recoger flores y secretamente se las llevaba y le daba las gracias. Lo hacía a escondidas, claro, porque pensaba: “si alguien te ve, madre mía!…” .

 

Y entonces a los pocos meses sucedió el accidente del Prestige, derramando chapapote por las costas gallegas. Ese día recuerdo que al abrir la ventana sentí aquel intenso olor a petróleo que te irritaba los pulmones: ¿Qué está pasando?, ¡El mar, el mar está herido!, Para mí fue como si mi propio cuerpo estuviera enfermo y sentí una profunda necesidad de volcarme en su ayuda.  

 

Corrí a la zona donde iba diariamente a entregarle flores, pero la zona estaba precintada para proteger a los barcos que llegaban de recoger chapapote, y aun así me acerque con el coche a la valla guardada por dos policías que estaban haciendo girar a todo el mundo, y pasó algo muy curioso que jamás he entendido, pues al llegar allí, los policías me saludaron, abrieron la valla y me dejaron pasar. Y pasé… y pensé:  “uy, te vas a meter en un buen lío, porque te acaban de confundir con otra persona…”, pero algo me decía.. pa dentro, pa dentro. …

Y cuando llegue al pantalán y vi las dimensiones de aquel desastre se me desgarró el alma. Los marineros llegaban del mar mareados, vomitando, impregnados de chapapote y las mujeres los sostenían entre lágrimas y rezos ayudándolos a liberarse de la ropa impregnada de fuel y les curaban la piel irritada…. Era aterrador y yo empecé a hacer fotos como una loca, atrapando sus miradas, sus lágrimas, la agonía de las aves atrapadas en la marea negra, y sin darme cuenta llamé la atención de los propietarios de esa zona que decidieron contratarme como fotógrafa y mi problema económico empezó a solucionarse allí, y yo lo sentí como otro regalo del Mar.

 

Continué llevando flores casi a diario, y sentada a su lado le explicaba mis alegrías y mis penas, y sobretodo acudía cuando me sentía perdida porque tenía la certeza de que me ayudaba, hasta que un día empecé a darme cuenta de que su sonido variaba, si, si!. Modulaba dependiendo de cómo yo me encontraba…  parece Loco!… sí, ciertamente loco, pero yo lo estaba escuchando y lo estaba viendo… Y entonces lo empecé a grabar.

 

Pero empecé a grabar por agradecimiento, no estaba en mi intención descubrir ni demostrar nada, solo era un acto de amor. Me gustaba grabarlo, grabar la naturaleza es algo fascinante!  y luego, algunas veces cuando llegaba a casa lo escuchaba  y me sentía tan feliz.

Por esa época todavía tenía muchas recaídas emocionales, muchos días me despertaba sintiendo que no valía para nada, las frases que escuchaba en mi antiguo hogar como“ la gente como tu merece morir, continuaron resonando en mi mente durante años, y mi diálogo interno solía ser: “no vales nada”, “no harás nunca nada”…

 

Y un día  en plena crisis me puse el sonido que el mar me había cantado el día anterior, y fue ponerlo y en 10 minutos yo me sentí otra persona, de verdad, me sentía querida, protegida, me estaba mirando a mi misma con otros ojos y la ilusión empezó a brillar en mis ojos, empecé a descubrir otra manera de sentir, otra manera de proyectar el día, y lo repetí, una y otra vez, y siempre sucedía lo mismo… y así empecé a visitar al bosque, al río y les hablaba y esperaba pacientemente que ellos me reconocieran, me escucharan y me respondieran y cuando eso sucedía los grababa y luego reproducía su voz en casa, y yo notaba que gracias a eso yo iba mejorando día  a día, un peldañito, un peldañito, un peldañito… Pero jamás le dije nada a nadie, porque pensaba “madre mía, cómo voy a explicar esto”.

 

Me costó muchos, hasta que llegó un momento en que  para mi era tan evidente que lo empecé a compartir con personas que estaba transitando por un proceso similar al mío… con la maravillosa sorpresa de que funcionaba!!! , lagrimas y risas fueron indicándome el camino y empecé a estudiar el mundo de las frecuencias y su incidencia en nuestras emociones, en nuestros órganos, en nuestra vitalidad, en nuestro procesos vitales y después conseguí software especializado y pude ver en mapas tridimensionales lo que sucedía mientras grababa y eso ha ido dibujando veinte años de experiencias y conocimiento que te iré mostrando paso a paso.

 

Pero has de saber que durante la formación la mayor dificultad con la que te vas a enfrentar es la de creer y confiar en que la naturaleza forma parte de ti y tu de ella como si de un mismo ser se tratase. El paso más importante para un aprendizaje nuevo y evolutivo es atreverse a modificar el listón de las creencias adquiridas a través de la educación. Pero te avanzo de que cuando empieces a profundizar en este camino llegará un momento en que la vas a escuchar decirte: ¿Pero, qué necesitas más?, ¿Qué necesitas más para creer  y confiar en lo que ya estas viviendo?,  confía en ti!, escucha y confía en la voz de tu corazón.

Nos vemos pronto.

Eva Julian
www.soundandlife.com

 

Si prefieres escuchar  una versión en audio pulsa el siguiente enlace:  

https://www.youtube.com/watch?v=tD5CQVVRyrc

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