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A MI PEQUEÑA MAESTRA “ PUCHI”

La perrita que me enseño a utilizar el sonido del ronroneo de un gato para aplicaciones terapéuticas. 

Esta  es una de las experiencias que recuerdo con un gran cariño, fue con mi pequeña perrita “ Puchi”, que supo enseñarme y me ayudó a comprender como aplicar de forma adecuada el sonido del ronroneo de un gato sobre las lesiones:

“Puchi”, había sido agredida por un perro mucho más grande que ella, y presentaba una grave peritonitis, una fisura en el hueso de su extremidad trasera, y por supuesto golpes y magulladuras por todo su cuerpo, principalmente en la columna.

Tras la primera atención veterinaria de urgencia y las dos posteriores, nos dieron pocas esperanzas de que sobreviviese. De camino a casa “ Puchi” estaba completamente postrada, fría y rígida, parecía estar a punto de perder la vida.

Observe que desde el primer momento la gatita que vive en la casa, se acurrucó inmediatamente a su lado, piel con piel, ronroneándole sin parar durante horas. Ante tal actitud y observando la gravedad del estado de “ Puchi” me decidí a grabar un nuevo ronroneo de la gata para aplicárselo de forma continuada a la perrita, incluyendo algunas pequeñas variaciones en la emisión de sonidos terapéuticos durante el día, como por ejemplo el sonido del fuego para aportarle calor interno y los sonidos de un amanecer y el de una tarde en el bosque, a la hora apropiada para aportarle vitalidad y ganas de vivir.

La recuperación de “Puchi” se veía día a día, y observaba como durante las horas que quedaba sola en casa, se arrastraba por encima de la alfombra hasta llegar al pequeño altavoz que yo había dejado en el suelo para que emitiera de forma permanente el sonido del ronroneo cuando la gatita salía a pasear, y cuando conseguía llegar a él, se estiraba completamente encima del altavoz para absorber el campo vibratorio con su propio cuerpo, la primera semana se postro marcadamente sobre su vientre, los dolores remitieron, también la inflamación y la cicatrización fue rápida, volvió a comer, y una vez que mejoro su peritonitis, todavía sin poder levantarse a causa del dolor en la extremidad trasera, se pasó horas encima del altavoz poniendo solamente su patita encima de la membrana.

Una semana más tarde, sin anti inflamatorios, y sin ninguna otra medicación estaba saltando y jugueteando con la gatita.

Cuando se recuperó totalmente observé que su comportamiento frente a otros perros había cambiado, también con los niños pequeños, se mostraba agresiva. Le apliqué el sonido la Cueva del agua para ayudarle a superar el shock traumático que manifestaba http://www.soundandlife.com/sonidos/catalog/6144.html.
Se lo apliqué a muy bajo volumen mientras dormía, siguiendo un protocolo de diez  días con buenos resultados en la adaptación de su relación con otros perros, y se lo volvia a repetir si observaba que durante el paseo  mostraba  miedo paralizante  o enfado con agresividad.

Pasados cuatro meses   Puchi  era la de siempre!.

 

 

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